Si la filosofía es deseo de conocimiento, la poesía es ansia de ascensión, y una y otra se conciertan en la conciencia humana. Expresado con otras palabras: la poesía nos conduce a la revelación; el pensamiento filosófico se dirige al Ser. Pero, parece decir Xirau, en ocasiones acceden a juntarse en tranquila convivencia, en instantes de silencio y reposo, y se transforman en
"La noche sosegada...
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora".
A pesar de esa probable unión, la poesía y la filosofía no confunden sus funciones. La poesía es intuitiva: ve, descubre, encuentra. La filosofía también puede ver , pero su lenguaje es el de la argumentación, y si es posible, el de la comprobación de lo que afirma. Son dos vertientes por donde fluye la unidad de la condición humana. Sobre ellas se agitan las alas misteriosas de lo místico, de "lo mostrable no demostrable". Por eso, animado por su seguridad en lo trascendente, Xirau canta lo que desde un principio ha denominado el "sentido de la presencia", aquello que torna al hombre en algo más que su paso por el tiempo: "En la presencia, que es navegación hacia lo eterno." Alguna vez, en sílabas medidas, escribió:
No hay lugar ni espacio ni tiempo donde estés
Tú; no hay círculos ni claras esferas.
Escuchemos, ojos mortales, en el silencio,
concentrados, vivos, atentos, en el Silencio.
Hacia tu mar penetran lentas barcas,
penetran lentamente nuestras barcas.
Fragmento tomado del folleto "De la presencia: Discurso de ingreso a la Academia Mexicana", por Ramón Xirau. El tomito incluye la "Respuesta" de Alí Chumacero a tal discurso, de ahí es extraído este párrafo. (ISBN: 970-640-0001)